"Nunca le perdoné a mi hermano gemelo que me abandonara durante siete minutos en la barriga de mamá, y me dejara allí, solo, aterrorizado en la oscuridad, flotando como un astronauta en aquel líquido viscoso, y oyendo al otro lado cómo a él se lo comían a besos. Fueron los siete minutos más largos de mi vida, y los que a la postre determinarían que mi hermano fuera el primogénito y el favorito de mamá".
Desde el principio era el favorito, el que antes había salido de la tripa de mamá, el que se llevó todos los primeros halagos, las primeras sonrisas, etc. Siempre, en nuestro cumpleaños, tenía más tarta que yo, sus regalos eran más grandes y envueltos con papeles más llamativos. No paraban de hacerle fotos, y todo esto, como si yo no existiera, como si aún estuviese en la tripa de mamá o nunca hubiese existido. Pasa el tiempo y todo sigue igual, en el colegio siempre acapara la atención de todos los profesores y compañeros, siendo yo como su sombra, sin darme importancia alguna.
Sin embargo, decidí que esto no podía quedar así, y me propuse ser el mejor en todo aquello que hacía para poder ser reconocido en casa, o por lo menos, no ser ignorado.
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